viernes, 26 de septiembre de 2014

Mito de la caverna: Simbología de la marcha dialéctica de la ciencia


Por: Abg. Carlos Gonzalo González
       Septiembre 2014

“Son filósofos aquellos que pueden alcanzar aquello que
siempre se mantiene igual a sí mismo, y no los son los
que andan errando por la multitud de cosas diferentes”.
 Platón

Aristocles fue el nombre del gran filósofo griego a quién su profesor de gimnasia apodara Platón (429-348) por el ancho de sus espaldas, y quién desde que conoció al viejo utilizador del método de la Mayéutica y descubridor de los “conceptos”, Sócrates; descubrió su vena filosófica, cuando apenas contaba con veinte años de edad. Fundó la Academia y abordó hasta su muerte, un día de su cumpleaños, todos los posibles temas en Filosofía, “pero sin orden ni coherencia”. (Fernández Gómez L, 2014). Agrega el autor citado, que “quienes pensaron por primera vez, sin pasado en qué apoyarse ni de qué depender, hicieron camino al andar”. Y agrega, que Platón experimentó tal penuria, por lo que recurrió a “fórmulas imaginativas como el mito, la fábula o la alegoría”.
Platón entendía la ciencia como una marcha dialéctica o camino hacia la perfección. Era una visión escalonada desde la ignorancia a la ciencia perfecta, “que es el conocimiento del mundo trascendente de las Ideas”. (Fernández Gómez L, ob. cit.). Ese Camino de la Ciencia lo estableció partiendo del Principio de identidad enunciado por Parménides de Elea, y que constituía el principio fundamental que rige la razón descubierta por éste. Desde El ser es, el no-ser no es; Parménides desarrollo “su teoría de los ‘dos mundos’: el mundo sensible y el inteligible”. (Fernández Gómez L, ob. cit.). El primero es aquel al que se accede por los sentidos, el de los colores, los sabores, los olores, etc.; único e inmutable y del que sólo puede tenerse una opinión. El otro, es el que no se ve ni se toca, pero que se comprende por estar sumido a las leyes del principio de identidad y de no contradicción; correspondiéndose con la ciencia.
Del camino andado por Parménides, Platón dejó por sentado que “a mayor grado del ser corresponde un mayor grado en el conocer”. (Fernández Gómez L, ob. cit.). La ignorancia se corresponde con el No-Ser y la ciencia con el Ser, estableciendo una escala intermedia que tiene algo de ser sin llegar a ser ciencia y que denominó hacerse o génesis. Así pues, que Platón proyectó su camino de la ciencia desde la ignorancia (Agnoia) que corresponde como se dijo al No-Ser, pasando por la Opinión (Doxa) o conocimiento sensitivo, en el cual incluyó la conjetura  o interpretación de imágenes y sombras de objetos materiales y la creencia (Física), correspondiéndose con el hacerse, y finalmente; la Ciencia (Epistemé) donde incluye el conocimiento racional- discursivo que se eleva de lo sensible a lo intangible (La Matemática) y el conocimiento racional-intuitivo que alcanza los objetos inteligibles directamente (Filosofía), correspondiéndose con el Ser.
Descrita como ha sido la marcha dialéctica o camino de la ciencia de Platón, éste requería simbolizarla de alguna manera para hacerla comprendida por sus alumnos de la Academia. De allí el surgimiento de su Mito de la caverna, o mejor, Alegoría de la caverna; misma que escribió al principio del Libro VII de La República, constituyéndose en la más célebre alegoría de la historia de la filosofía junto con la del carro alado. En su alegoría, Platón trata de dar una explicación, cual metáfora, sobre cómo se encuentra el ser humano respecto del conocimiento.
Cuenta Platón, que en una caverna vivía un grupo de seres humanos, atados de cuello y pié, que solo tenían la posibilidad de ver las sombras de los objetos y figuras que sobre una pared se reflejaban por la luz de una hoguera; afirmando que estos seres consideraban verdad lo que observaban ya que no tenían la posibilidad de ver lo que estaba a sus espaldas; constituyendo el mundo sensible, del que se habló anteriormente. Continúa el filósofo su narración proponiendo la posibilidad de que uno de los prisioneros fuese liberado y obligado a salir. Primeramente contemplaría la luz de la hoguera y con ello una realidad más profunda y completa pues ya no es una apariencia. Sigue el prisionero al exterior de la caverna y tiene la oportunidad de ver otra nueva realidad; hombres, arboles, lagos y al sol, el mundo inteligible de las realidades verdaderas.
Así mismo, el prisionero es devuelto al interior de la caverna para liberar a sus compañeros de la opresión, logrando sólo la burla de éstos al sentenciar que está cegado por la luz. Y al pretender desatarlos y llevarlos a la superficie, Platón afirma que serían capaces de matarlo y que efectivamente lo harían al tener la oportunidad. Platón comparó esto último, con la suerte de su maestro Sócrates, cuyo esfuerzo por ayudar a las personas a llegar a la verdad, fue premiado con la condena a muerte.
Simboliza pues Platón, con su Mito o Alegoría de la caverna, la concepción de la ciencia como “una ascensión del alma desde las tinieblas de la ignorancia y las sombras de la opinión hasta la contemplación de las verdaderas realidades del mundo de las Ideas”. (Fernández Gómez L, ob. cit.). Y es que estando encerrados, lo único que se puede conocer son las sombras o imágenes que se puedan ver en ese mundo sensible, por lo que la Filosofía tiene la misión de sacarles al mundo exterior y permitirles contemplar el mundo inteligible de las realidades verdaderas.

BIBLIOGRAFIA

Alegoría de la Caverna (Ultima modificación Agosto 28, de2014). Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Alegor%C3%ADa_de_la_caverna, en Septiembre 17, de 2014.


Fernández Gómez L. (2014). Temas de Filosofía del Derecho. 6ta. Edición. Publicaciones UCAB. Caracas.

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